Querida hija,

Estoy muy orgulloso de los logros que has ido consiguiendo en estos tres meses. Me alegra que las enseñanzas que te he enviado te fueran de mucha ayuda.

En este anexo quiero profundizar sobre un tema que me has reclamado desde pequeña. Estoy hablando de la disciplina.

Hábitos

Ya sabes que, desde que eran pequeñitos, tu madre y yo impusimos en casa ciertas reglas que debían cumplirse rigurosamente. Quizás hasta hoy en día no entiendas por qué motivo te obligamos a hacer tu cama desde que eras una niña cuando contamos con personas que nos ayudan en casa con esa tarea desde aquel entonces hasta la fecha.

O quizás te preguntes porque debías levantarte temprano cada sábado para ir a tus clases de inglés cuando algunas de tus amigas podían descansar tranquilamente quedándose en casa.

Al principio tampoco disfrutabas hacer ejercicio físico los lunes, miércoles y viernes de cada semana. Tus clases de piano al principio fueron para ti muy sacrificadas y estuviste a punto de abandonar en varias ocasiones. Seguramente pensarás que fuimos demasiado exigentes, que no hacía falta ser tan estrictos en cuestiones como tu educación, tu dieta, tu salud o tus amistades.